Sep 222016
 

Incluyo aquí el podcast de la segunda entrega de La voz escrita, un programa de la Cadena SER dirigido por José Vicente Dorado en el que intervine hablando sobre el Tesoro de la lengua castellana o española de Sebastián de Covarrubias.

Aquí puedes acceder a la aportación de un servidor:

De todas formas, lo que te recomiendo es que oigas el programa entero. Es un placer para quienes amamos las palabras. En él encontrarás a Javier Olivares, que es la cabeza que está detrás de la serie El ministerio del tiempo, a Michael Robinson recitando a Shakespeare, y a Ana Lafuente explicándonos cómo es el trabajo de quienes se dedican a traducir e interpretar otras lenguas. Lo tienes aquí:

Si te perdiste la emisión en directo de este programa dedicado a las palabras escritas para ser leídas en voz alta, ahora tienes una segunda oportunidad. No la dejes pasar.

Sep 202016
 

Pullapuya son dos nombres que se confunden a menudo. El primero es una expresión hiriente dirigida a una persona. Se utiliza sobre todo en la colocación lanzar una pulla, como en este ejemplo, en que aparece en plural:

(1) Victoria llevaba muchos años lanzando pullas contra mi mujer [Mercedes Salisachs: La gangrena].

Un truco que puedes utilizar para recordar la ortografía es que las pullas salen por los labios, que son las dos eles con que se escribe esta palabra.

La puya, en cambio, es la punta de acero que está en el extremo de la vara del picador. Sirve para martirizar a los toros en las corridas. Veamos un ejemplo de uso:

(2) El picador debe mantener la puya, sin golpear con ella, mientras que esté en contacto con el toro [La Voz de la Afición (España), n.º 20, 2002].

El truco aquí consiste en acordarse de que se trata de una punta. ¿Y qué es la i griega, sino una punta que se clava?

La confusión se explica por un doble motivo. Para empezar, los significados están relacionados. Estamos hablando de herir, ya sea con palabras, ya sea con una pieza acerada. Por si fuera poco, los hablantes yeístas (o sea, casi todos), pronuncian estas dos palabras de la misma manera, igual que lo hacen con haya y halla o vaya y valla.

Cuidado con este error. Los correctores ortográficos de ordenadores y teléfonos móviles son incapaces de detectarlo porque se limitan a comprobar si la palabra que escribimos está recogida en el diccionario.

Nota: Los ejemplos están tomados del CREA (REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Banco de datos (CREA) [en línea]. Corpus de referencia del español actual. <http://www.rae.es> [20-9-2016]).

 20 de septiembre de 2016  ,
Sep 152016
 

Si quieres saber lo que es un manutigio o por qué la siesta se llama siesta, estás en el lugar indicado. Te lo cuento en este podcast, que se emitió como parte de Las mañanas de RNE el 3 de agosto de 2016, con Javier Capitán como presentador.

También te enterarás de cómo hay que utilizar la tilde con los nombres propios de persona y de algunas curiosidades relacionadas con los nombres de ciudades extranjeras.

 15 de septiembre de 2016  ,
Sep 132016
 

Como norma general, antes de la conjunción pero tiene que haber un signo de puntuación. Uno de los que pueden aparecer en esta posición es el punto y coma.

Este signo se suele utilizar cuando las oraciones unidas por pero son largas y, sobre todo, si ya hay comas en el interior de alguna de ellas, por ejemplo:

(1) Sisebuto, a quien conocimos en el episodio anterior, era un caballero a la antigua usanza; pero eso no impedía que de vez en cuando se permitiera algún capricho moderno, como, por ejemplo, una cámara digital último modelo.

Esta forma de puntuar aporta claridad porque diferencia dos niveles. Los diversos elementos que aparecen en el interior de cada oración se separan con comas, mientras que la frontera entre una y otra oración se marca con el punto y coma. Prueba a sustituir el punto y coma de (1) por una simple coma y comprobarás que es más complicado entender qué va con qué en ese ejemplo.

Por lo demás, lo más normal es utilizar una coma antes de pero.

 13 de septiembre de 2016  , , ,
Sep 092016
 

La palabra músculo es históricamente un diminutivo. Está formada sobre el nombre latino mus, muris, que significaba ‘ratón’. De ahí sale una forma musculus que no es ni más ni menos que ‘ratoncito’.

¿Pero qué es lo que tienen que ver los músculos del cuerpo con estos simpáticos roedores? Para entenderlo te tienes que mirar el brazo. Cuando lo doblas, verás que el bíceps forma un bulto. Eso es algo que nos ha llamado a todos la atención desde pequeños. Por eso ha dado lugar a muchas metáforas imaginativas. Cuando yo era niño, a eso lo llamábamos “sacar bola”. En la Antigüedad, en cambio, se imaginaron que había un animalito que corría por dentro. Una y otra idea están relacionadas: hay algo que está escondido y de pronto sale.

La imagen del ratoncillo nos dio otras palabras relacionadas con músculo. La primera es muslo. Procede también de musculus, pero se ha desgastado más. Su significado se ha especializado para referirse a la parte superior de la pierna, que es una parte especialmente musculosa del cuerpo. Otra de ellas es murecillo, que se perdió hace tiempo. Es simplemente la versión castellana del musculus latino. Antiguamente, ‘ratón’ se decía mur (que es la raíz de murciélago). Cuando formamos el diminutivo, lo que nos sale es murecillo, o sea, músculo. Su significado era exactamente este y por eso acabó siendo desplazada por la forma que hoy utilizamos: no había sitio para las dos en el vocabulario del español. Aun así, la palabra murecillo se las arregló para dejar un hijo que está camuflado en los mostradores de las carnicerías. El morcillo, con el que se preparan guisos tan apetecibles, no es sino la evolución de murecillo.

Nota: Le doy las gracias a Carlos Gancedo por llamarme la atención sobre la relación entre murecillomorcillo, que a mí se me había escapado.

 9 de septiembre de 2016  , , , , ,
Jun 282016
 

Rebelarrevelar son dos verbos que se confunden con facilidad en la escritura. Para evitarlo te voy a proponer un truco que podrás aplicar fácilmente.

Rebelar es familia de rebelde y por eso se escribe con be. Este verbo siempre admite que lo sustituyamos por sublevar, como vamos a hacer a continuación:

(1) El pueblo se rebeló contra la tiranía.

(2) El pueblo se sublevó contra la tiranía.

A veces, la sustitución es un poco figurada, pero aun así funciona. Compara (3) y (4):

(3) A los jóvenes les gusta rebelarse contra sus padres.

(4) A los jóvenes les gusta sublevarse contra sus padres.

Por tanto, solo se puede escribir rebelar con be cuando admite la sustitución por sublevar.

En todos los demás casos lo que tenemos es el verbo revelar, que viene de velo y por eso se escribe con uve. Vamos a intentar aplicar la prueba de arriba a un ejemplo con este otro verbo:

(5) Han acusado a un agente secreto de revelar importantes secretos de Estado.

(6) Han acusado a un agente secreto de sublevar importantes secretos de Estado.

Revelar un secreto es quitarle el velo que lo cubría, de forma que quede a la vista de todo el mundo. Esto no tiene nada que ver con rebeliones ni con sublevaciones. Por eso el truco anterior no funciona. Cada vez que intentemos aplicarlo sin éxito estaremos ante un ejemplo de revelar con uve.

Así que ya sabes: si se subleva, se escribe con be y si no se puede sublevar, hay que ponerle una uve.

 28 de junio de 2016  , , , , , ,
Jun 212016
 

Los seres humanos intentamos desesperadamente entender el mundo que tenemos a nuestro alrededor. Para ello, una de nuestras estrategias favoritas consiste en representarnos las realidades nuevas a partir de las que ya conocemos. Por eso, un procedimiento con mucho rendimiento en la creación de vocabulario consiste en utilizar metáforas, o sea, en vincular una realidad con otra que nos resulta familiar.

Uno de los ámbitos mas prolíficos en la creación de metáforas es el del mundo animal. Esto no es de extrañar si tenemos en cuenta que nos hemos relacionado con nuestros congéneres irracionales desde que existimos como especie y que nosotros mismos formamos parte del reino animal. Por eso, nuestro conocimiento sobre estos seres vivos lo extendemos a los objetos que descubrimos a nuestro alrededor y que, en principio, nada tienen que ver con ellos más allá de una semejanza que ha querido reconocer nuestro ojo, pero que no está en las cosas en sí, sino que viene impuesta por nuestra mente.

Eso es lo que explica, por ejemplo, que desde antiguo hayamos visto patas en las mesas, a semejanza de las que sostienen a un caballo, un perro o un jabalí. Los ajos se dividen en dientes que no tienen nada que envidiar a los que adornan la boca de un león. Los edificios tienen alas, aunque estas no les sirvan para volar. Leche es propiamente el líquido que segregan cabras, vacas y ovejas, pero no vacilamos en llamar también leche a cierto jugo blanco elaborado a base de coco. La boca es la abertura por donde los animales recibimos el alimento, pero también es el hueco por el que nos adentramos en una cueva o, en época más reciente, en el metro. Los denominados animales superiores estamos construidos sobre un esqueleto rígido que es el que nos da soporte. Sus piezas sirvieron de inspiración a nuestros ancestros para llamar hueso al núcleo de madera de melocotones y ciruelas. Y, por último, ¿qué puede haber más importante para los animales que la reproducción? Nuestro conocimiento sobre ella es el que aplicamos al ámbito de la técnica cuando nos referimos a enchufes y clavijas como machos y hembras.

Un grupo especial dentro de las metáforas zoológicas es el de las metáforas humanas. La distinción no siempre es clara y tajante. Varias de las metáforas de arriba podríamos interpretarlas como animales en general o como específicamente humanas. Lo mismo podríamos decir sobre las lenguas de tierra o los cuellos de las botellas. Pero sin duda se inspiró en el cuerpo humano la primera persona que habló de una mano de plátanos, de las manecillas del reloj, del pie de la colina o de las barbas del mejillón.

Son muchas más las metáforas animales que encontramos en el vocabulario. Podríamos dedicar horas a repasarlas: desde el cuello de cisne de ciertos jerséis hasta el ojo de buey de los barcos pasando por los deliciosos burritos de la cocina mexicana. Pero basten los ejemplos anteriores para dar una somera idea.

Por cierto, la metáfora no solo desempeña un papel fundamental en la creación del vocabulario de las lenguas, sino que es la base misma de una parte muy importante de la gramática. Ya hemos hablado de eso en otro lugar. Si te interesa el tema, te sugiero que leas el artículo sobre metáforas en la gramática.

 21 de junio de 2016  ,
Jun 162016
 

Eunuco es etimológicamente ‘el guardián de la cama’. El castellano ha tomado esta palabra del latín eunuchus, que, a su vez, es un préstamo del griego eunoûkhos. En esta última palabra podemos distinguir dos componentes: en primer lugar, eun-, que viene de euné (‘cama’), y a continuación -ókhos, que se forma a partir del verbo ékhein, que significa ‘tener’.

El motivo de esta denominación está claro. En diferentes épocas y culturas, los eunucos han sido los únicos hombres de los que se fiaba el dueño de un harén para atender a sus mujeres, ya que no veía en ellos una amenaza para sus intereses.

 16 de junio de 2016  , ,
Jun 142016
 

La expresión en base a se considera incorrecta y, por tanto, debemos evitarla. Empecemos con un ejemplo de lo que no debemos decir ni escribir:

(1) Rusia renovará sus tanques en base a la experiencia adquirida en Siria.

Hay diferentes alternativas para evitar la incorrección de (1). La que primero acude a la cabeza es basándose en:

(2) Rusia renovará sus tanques basándose en la experiencia adquirida en Siria.

También nos puede servir sobre la base de (3) o a partir de (4):

(3) Rusia renovará sus tanques sobre la base de la experiencia adquirida en Siria.

(4) Rusia renovará sus tanques a partir de la experiencia adquirida en Siria.

No se agotan aquí las posibilidades. Veamos un nuevo ejemplo de lo que no conviene:

(5) La facturación en base a lecturas reales es la que utilizan casi todas las compañías eléctricas.

En este caso podemos proponer basada en como solución:

(6) La facturación basada en lecturas reales es la que utilizan casi todas las compañías eléctricas.

Tampoco nos vendría nada mal según:

(7) La facturación según lecturas reales es la que utilizan casi todas las compañías eléctricas.

E incluso podríamos optar por sobre la base dea partir de, que ya hemos ejemplificado arriba en (3) y (4), respectivamente.

Es correcta también la expresión con base en, pero fuera del lenguaje jurídico no es la más recomendable. Por eso prefiero no utilizarla en los ejemplos de este artículo, que está pensado para la lengua general.

Lo importante es que quede claro que no hay necesidad de emplear en base a. Cualquiera de las alternativas de arriba es preferible. A poco que nos paremos a pensar daremos con muchas más que serán también acertadas. Un consejo: cuanto más sencillas, mejor.

 14 de junio de 2016  
Jun 092016
 

En español tenemos dos palabras para referirnos al centro del iris, por donde penetra la luz en el ojo. Podemos llamarlo niña del ojo o pupila. La primera expresión es simplemente la traducción de la segunda. Como vamos a ver (nunca mejor dicho), esta parte de la anatomía humana da bastante de sí en nuestro idioma y en el de otros pueblos.

La denominación pupila la hemos heredado del latín. Inicialmente, para los romanos, el nombre pupilla podía significar ‘muñeca’ o ‘niñita’ dependiendo del contexto. Se empezó a utilizar para hablar de una parte del ojo porque quien mira con atención la pupila de otra persona descubre en la superficie del ojo una especie de muñeco que no es sino su propio reflejo (eso lo saben bien los enamorados). Los griegos lo llamaban kórē por este mismo motivo: kórē es ‘chica’. El nombre se ha mantenido en griego moderno.

En otras culturas se ha llegado a denominaciones semejantes de manera independiente. Una lengua tan alejada del griego o el latín como es el indonesio se apoya en la misma imagen: la expresión anak mata (‘pupila’) está formada de anak (‘niño’) y mata (‘ojo’), o sea, para los hablantes de esta lengua del Pacífico la pupila es el niño del ojo.

En francés encontramos la palabra pupille, pero además existe como expresión anticuada prunelle, que es, nada más y nada menos que ¡endrina! El fruto que a unos les sirve para hacer pacharán los otros lo utilizan para representarse el órgano de la vista.

No han sido los franceses los únicos que han creído descubrir huertos en los ojos. Los germanos a este orificio lo denominaron manzana del ojo. En neerlandés todavía se utiliza el compuesto oogappel (< oog ‘ojo’ + appel ‘manzana’). En inglés este nombre fue desplazado por el latinismo pupil. Aun así, su recuerdo se mantiene en la expresión the apple of my eyes, que se emplea para referirse a una persona muy querida (es lo mismo que hacemos nosotros cuando decimos: “Te quiero como a las niñas de mis ojos”). Por cierto, a los amantes ingleses tampoco se les escapó el detalle de los muñequitos. Allá por el siglo XVII se usaba la expresión to look babies in the eyes, o sea, quedarse embobado contemplando la figurita en cuestión en los ojos de la persona amada. En alemán se utiliza el término latino Pupille, pero este convive con un sinónimo germano: Sehloch. Traducido literalmente es ‘el agujero de ver’. No se puede negar que la denominación es descriptiva, aunque quizás resulte un tanto prosaica en comparación con las que acabamos de repasar.

En fin, cada pueblo ha descubierto algo diferente en el órgano de la vista: muñecas, niñas, endrinas, manzanas… Lo que es seguro es que los seres humanos le han prestado una atención muy especial a la mirada y a la vista desde el inicio de los tiempos. Eso es lo que explica que se le den tantas denominaciones figuradas y afectuosas a esa parte de nuestro cuerpo.